jueves, 16 de mayo de 2013



Cántico corporal
(Yo, en busca de mi alma)
Vivo yo, pero yo no vivo entero.
De mis ojos ausente,
careciendo de ti, vivo que muero,
canario adoleciente,
canto y estoy más pálido que un diente.
Te veo en todo la do y no te encuentro,
y no me encuentro en nada;
te llevo dentro, y no, me llevo dentro,
¡ay! vida mutilada,
yo, en mi mitad, ¡oh Bienenamorada!
Mi amor, a quien agrega fortaleza,
la soledad del huerto,
seco de sed por ti, sufre y bosteza,
y sigue en su desierto
por no caer de tentaciones muerto.
Soy llama con ardor de ser ceniza.
Sola abundantemente,
esta porción de ti, la tiraniza
-¡oh qué guerra frecuente!-
mi pupila, tormento de mi frente.
Le falta la merced de tu asistencia
a mi amor exprofeso.
Tengo en erstos rosales la presencia
y esencia de tu beso,
en tanto grado puro, en ¡tanto! ileso.
Codiciosos de ti, me estoy robando,
me aplico poco al suelo;
me dedico a los dos de cuando en cuando,
a tu imagen apelo
siempre, siempre presente, y siempre en celo.
Yo ya no soy; yo soy mi anatomía.
¿Por qué? de mí desistes
peligro de mis venas, alma mía...
¡Ay! La flor de los tristes
va a dieta de amor como de alpistes.
Desamparado el cuerpo, en desaseo,
sobre el amor en paro,
soy mi verdugo y juez, y más mi reo,
mi tempestad y faro;
tú, mi ejemplar virtud, mi vicio caro.
Me levanto de mí cuendo me acuesto
gimiendo mis heridas,
infeccionado todo de tu gesto,
de tus gratas manidas,
gracias comunicables y queridas.
¿Y tu boca?, reparo de la mía,
¡ay! bello mal que cura
¡ay! alta nata de mi pastoría
¡ay! majada segura
y oveja de mi boca, si pastura.
Esparcida por todos los lugares,
en ellos te deseo.
Sigo tus huellas, flores de azahares,
te silbo y te zureo,
y con todas las cosas me peleo.
Ptria de mis suspiros y mi empeño,
celeste femenina;
vuelve la hermosa página del ceño
que cielos contamina.
Yo para ti, si tú, para mi ruina.

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